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        <title>Regla de nuestro Padre san Benito</title>
        <lastBuildDate>Fri, 30 Dec 2011 23:0:1 +0200</lastBuildDate>
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        <copyright>Copyright 2009 Certosa Cultura</copyright>
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        <managingEditor>l.zanoni@cistercensi.info</managingEditor> 
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        <title>Prólogo</title>
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        <title>0. Prólogo</title>
        <pubDate>Fri, 30 Dec 2011 23:0:1 +0200</pubDate>
        <description><![CDATA[<p align=justify>Hemos preguntado al Señor, hermanos, quién es el que podrá hospedarse en su tienda y le hemos escuchado cuáles son las condiciones para poder morar en ella: cumplir los compromisos de todo morador de su casa. 40 Por tanto, debemos disponer nuestros corazones y nuestros cuerpos para militar en el servicio de la santa obediencia a sus preceptos. <sup>41</sup> Y como esto no es posible para nuestra naturaleza sola, hemos de pedirle al Señor que se digne concedernos la asistencia de su gracia. <sup>42</sup> Si, huyendo de las penas del infierno, deseamos llegar a la vida eterna, <sup>43</sup> mientras todavía estamos a tiempo y tenemos este cuerpo como domicilio y podemos cumplir todas estas a cosas a luz de la vida, 44 ahora es cuando hemos de apresurarnos y poner en práctica lo que en la eternidad redundará en nuestro bien.  <sup>4</sup> 5 Vamos a instituir, pues, una escuela del servicio divino. <sup>46</sup> Y, al organizarla, no esperamos disponer nada que pueda ser duro, nada que pueda ser oneroso. <sup>47</sup> Pero si, no obstante, cuando lo exija la recta razón, se encuentra algo un poco más severo con el fin de corregir los vicios o mantener la caridad, <sup>48</sup> no abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. <sup>49</sup> Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios. <sup>50</sup> De esta manera, si no nos desviamos jamás del magisterio divino y perseveramos en su doctrina y en el monasterio hasta la muerte, participaremos con nuestra paciencia en los sufrimientos de Cristo, para que podamos compartir con él también su reino. Amén.</p> <p align=right>(Pr. 39-50)</p>]]></description>
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